RELATOS AL FOIE


TEORÍA DEL HÁMSTER BIZCO


Dicen de Sófocles que un buen día dando uno de sus famosos paseos por las afueras de Atenas, con su buen amigo Pericles, se mostró a lo largo del camino algo inquieto y espeso.

Dado su visible preocupación, su colega no dudó en preguntarle

- ¿Qué és lo que te turba mi buen amigo? ¿Acaso son los dos litros de buen vino y el asado que habéis ingerido el causante de vuestro estado?
- No son gases lo que me atormenta querido Pericles… es algo más profundo y metafísico...
- ¿Os referís por un casual a almorranas?- Sófocles negó con la cabeza.
- ¡Por los colosos testículos de Zeus, hablad!>> Exclamó Pericles.
- Veréis… sabéis de buena tinta que soy un prestigioso filosofo y que como a cualquier buen griego que se preste soy un entusiasta de la astrología… pues bien, la otra noche observando los astros encontré por casualidad el sentido de la vida ante mis ojos.
- Eso que dices es muy presuntuoso, incluso para ti… explicaos

Sófocles hizo una parada detrás de una piedra y echó una meada. Con gesto serio, pero algo más aliviado, continuó hablando.

- Prestad atención, pues de buen saber es que el universo nació en alguna fecha determinada, al igual que cada uno de nosotros simples mortales en algún momento se creó. ¿Estáis de acuerdo conmigo?
Dio unas sacudidas y fue a sentarse sobre una piedra cercana. Pericles apuntó:
- Por supuesto, ya sabéis que sí. Continuad.
- Y supongo que estaremos también conforme si me permito la licencia de afirmar que al igual que nace, como toda forma de vida, también algún día tiene que morir… Pero no solo esas similitudes nos asemejan con el cosmos, si no que también, nos ofrece la posibilidad de descubrir como ambos crecimientos se asimilan de formas muy parecidas… incluso me atrevería a decir que de formas idénticas…

Pericles viendo que aquello iba para largo decidió aposentar su greco-trasero sobre la misma piedra desde donde Sófocles hablaba.

-… así es como el big bang sería la semejanza al nacimiento humano. Seguido, lo que para el universo es la expansión infinita, para los mortales es el equivalente al crecimiento, a la expansión espiritual y terrenal me refiero. Aquí es donde quisiera hacer hincapié amigo Pericles, pues a partir de aquí mis pensamientos se tornaron terribles y algo inquietantes... Cuando un espacio como es el infinito, pues el infinito ocupa un espacio, se expande suele producirse ese mágico espectáculo de dos astros chocando, juntando sus materias, para quizás más tarde, crear una forma de vida, ya sea como estrella, como galaxia, como cometa, como planeta… a los humanos, como a toda forma de vida, nos sucede lo mismo, entablamos amistades, nos enamoramos, nos reproducimos… en fin, nos forjamos…
- Ya. Pero sigo sin entender a qué viene tanta preocupación… todo eso no suena del todo mal. - Dejadme continuar y veréis la otra cara del asunto. Pues puede suceder que, en la formación de esa vida haya un fallo… siempre hay materia que se une y otra que se repele. Y en ese caso, las dos partes que han estado en contacto el uno con el otro han variado sus propiedades. Para los humanos podríamos decir que cuando una pareja que se ha formado junta comparten muchas similitudes, pero cuando son puestos en soledad se vuelven algo más individualistas. Decimos en ese caso que “está hecho a su modo”, y cualquier persona exterior que pueda acercarse a él o ella, será más fácilmente que le disguste pues buscará con anterioridad los defectos que las virtudes… En fin, como el cosmos, probará de fusionar su materia con otra persona, pero nunca será igual pues estaba habituado a unas características, a unas condiciones… ¿Ahora entiendes mi preocupación? En estos tiempos donde impera la lujuria y los tóxicos, la gran mayoría, estamos condenados a la incansable búsqueda de la nostalgia. Y poco a poco y sin darnos cuenta nos veremos más solos... pues estaremos hechos a nuestro modo. Y se cumplirá ese cruel destino de la naturaleza… morir en soledad.

Sófocles miró con firmeza al infinito mientras se acariciaba su frondosa barba.

- Dicho así… es una putada…
- Tú lo has dicho amigo… tú lo has dicho… una gran putada…

Sófocles apoyó su agrietada mano sobre el hombro de Pericles pero este se levantó de un salto de la roca.
- Sófocles ahora no me vengas intentándome meter mano… ¿todo ese rollo que me has soltado era para meterme en tu cama
- No, pero… si caías, perfecto… tenía que intentarlo… ya sabes cómo soy…
- Hay una cosa que no entendido aún…
- Decidme.
- ¿Por qué se llama teoría del hámster bizco…
- Yo en ningún momento he dicho que se llamase así....
- Cito textualmente el título…
- Eso és cosa del autor, ya se las apañará… ¿me ayudas a levantarme?

 Pericles extendió sus brazos a los de Sófocles y tiró de él.

Y como cualquier otro día iniciaron de nuevo el rumbo a su destino.

El Mausoleo’s Club.


             
LA TRAGEDIA DEL LIMÓN DULCE


Puede que no sepa distinguir el sabor de una oreo original a una hacendado.

Puede que tampoco entienda la diferencia entre el kétchup y el cátsup.

Me pasa con la comida y me pasa con muchas otras cosas.

Pero eso sí, si una cosa tengo clara, es saber que la tragedia del limón dulce és no sentirse correspondido.

 En una sociedad cítrica no está bien visto ser diferente a los demás.
La última vez que un grupo minoritario había conseguido la igualdad fue la agrupación de limas, fueron muchos años los que las limas tuvieron que vivir a escondidas, reprimidas por el sector mayoritario.
Pero esta historia no habla de una lima sino de un limón.
Un limón del cual podríamos decir que suele sentirse, con frecuencia, un poco lima.
Alex, que así se llamaba nuestro marginal amigo, vivía en un estudio céntrico de Jugolosa y solía pasarse los días paseándose por aquel cuchitril en calzoncillos y calcetines.
Hacía demasiado tiempo que no tenía una cita y debía prepararse para esa noche, pues a pesar de todo pronóstico Alex se había atrevido a invitar a una encantadora limona a cenar con él.
La conoció por un anuncio en el periódico y debía estar atractivo para esa cita.

¡Por todos los pomelos! Pensó al verse reflejado en el espejo del baño.

Sin duda le hacía falta pelarse esa barba que brotaba de su amarillenta piel.
 Tras pelarse con una navaja, se dio una ducha y luego se perfumó con extracto de limoncello. Eso no podía fallar… las volvía locas… y aquella jugosa limoncita le inspiraba mucho.
Sería, sin duda, capaz de dejarse exprimir por cualquier Taurus por una fémina de esas características.
Pero aún así debía controlar sus emociones, la vida ya antaño se había cebado con él. Recordó mientras se dirigía al coche.

Se ajustó la corbata, se metió la camisa dentro del pantalón y subió en el vehículo.
No tardó en encontrar un aparcamiento cercano a la casa de ella, pues ahí se iba a celebrar la velada. Antes de ir a su portal decidió parar en el paki de al lado a comprar un vinito.
Una botella de Marqués de Limoneras siempre está bien.
Al menos, podía asegurarse que la noche iba a acabar bien.

Luego se dirigió a su edificio y picó al 3º3ª. Si no se lo había apuntado mal tenía que contestar alguien. Nadie contestaba. Esperó diez segundos y volvió a picar al botoncito. Knneeh.
Alguien abrió.
Alex subió hasta el tercero porque el ascensor, según decía un cartel, estaba fuera de servicio. Cuando llegó a la planta correspondiente vio que la puerta estaba entreabierta y entró. Era, sin duda, una casa decorada nefastamente con las paredes y las puertas pintadas de colores chillones y llena de muebles incapaces de crear una ínfima harmonía visual.
Pero intentó que ese estúpido detalle no le influyese a la hora de conocer a la dueña de la casa sin rencores psicodecorativos.
El tímido cuerpo de una bonita limona asomó por la puerta de lo que parecía la cocina.

-Un momento, estoy terminando de preparar la cena… Deja tus cosas encima del sofá…- Dijo con voz amable.

Alex dejó su chaqueta tal y donde ella había dicho. Luego se dirigió a la cocina.
-¿Habíamos dicho a las nueve, verdad?- Dijo mirando su reloj en el que marcaban nueve en punto.
- Si… Si... pero he tenido que ir a comprar hojaldre a última hora al súper porque necesitaba más de lo que había calculado…
Alex al verla sintió como de repente se ponían duras sus pepitas. Luego, disimulando, le preguntó que cual era el menú.
Ella con una sonrisa le contestó que el menú consistía en un extracto de mineral al pesto, y de segundo una porción de H2O con guarnición. Un menú a la vista bastante completo.
- ¿Entonces para que necesitabas tanto hojaldre?- Preguntó Alex.
- Para el postre -contestó ella.
- Espero que te guste la tarta al limón…- Alex se quedó de piedra al escuchar aquello.
- ¿Tarta al limón? ¿Tan ácido? ¿No será de digestión pesada?-.
- No… és tarta al limón dulce…

De la nada, detrás de Alex apareció un enorme pomelo que le sacudió la cabeza con una palanca. Alex cayó al suelo y perdió el oremus. Tres horas más tarde retomaba el conocimiento viéndose sobre un sucio colchón y atado de manos a unos oxidados barrotes. Frente a él, la dulce limona fumaba un cigarrillo y un enorme pomelo afilaba unos cuchillos.
- Te voy a pelar enterito… en forma de divertidas filigranas…- Dijo el tipo sonriendo.
- Cariño, no te pongas agresivo antes de tiempo…- Dijo la cítrica mujer agarrándo de la ramita al pomelo.
El pomelo se levantó mirando con desprecio a Alex.
Alex gritó.
Alex no sabía que era en vano.
Murió aquella noche para saciar la sed de zumo de aquella pareja.
Solo quedaron de él sus pepitas. El resto, en un congelador y en un pastel de limón.

Esa es la tragedia del limón dulce.

Esa es la tragedia de todos ellos. Cientos de limones dulces mueren cada año víctimas de anuncios falsos que cuelgan algunos limones en los diarios con el único fin de exprimirlos.

Si alguna vez te encuentras un limón dulce por favor, no lo utilices.

¿Qué cómo saber que es dulce sin ni siquiera probarlo?

Se le nota en la mirada…



EL VOLUMEN DE LA MATERIA INTANGIBLE



En cuanto me desperté aquella mañana me dirigí con fuerte apretón al lavabo para deshacerme de ese dolor agudo de tripas que me había desvelado de mi insomnio.
              
Cuando hube vaciado mis intestinos me dirigí a la cocina para abrirme una cerveza fresquita. La cerveza por la mañana es el desayuno más consistente que puede tomar uno.
Cogí un abridor y desvirgué la botella.

Fue en ese momento, al darme la vuelta, cuando aprecié una figura borrosa levitando en mitad del salón. Me froté los ojos. Miré la fecha de caducidad de la cerveza.
No estaba caducada.
Volví a mirar y ahí estaba aún… al fijarme con detalle, pude apreciar que el espectro que ante mí se mostraba, sin lugar a dudas, era Elvis.

Era inconfundible pues llevaba aquel famoso traje blanco adornado de pedrería con el que cantó desde Hawái.
Él me miraba tras unas oscuras gafas mientras yo intentaba pronunciar alguna palabra. - ¿Quieres una birra?- El se incorporó, parecía como exaltado.
-¿What?- Me dijo.
-¿Cómo?- le pregunté.
–No entiendo el inglés…- le insití.
-¿What?- volvió a contestar él con esa voz profunda inconfundible.

Tras un intenso e incomodo momento de largo silencio me dirigí de nuevo hacia él.
–Disculpa, ¿sabes que esto es una propiedad privada?... no me malentiendas, me hace ilusión que Elvis esté en mi comedor, siempre he sido un fan tuyo pero… verás… mi novia está a punto de volver del trabajo y no creo que le haga mucha gracia encontrate aquí, tiene un carácter muy complicado… ella és mas de los Rolling…-
-¿What?

Me acerqué a él con cuidado y cuando estuve cerca de él intenté tocarlo, pero mi mano le atravesó. Era como una especie de aparición, un espíritu. Como podréis comprender no conseguía echarlo de allí. Yo sin tener ni papa de inglés ni él de castellano la conversación no fue mucho más fluida.
Tendría que haberme apuntado a esos cursillos de Opening….

Más tarde, llegó mi novia del trabajo y nos encontró a los dos bebiendo cerveza en el sofá y viendo la tele, eso la mosqueó bastante. Al menos si nos hubiera cantado un “Love Me Tender” durante la cena hubiese apaciguado algo el ambiente.
Pero aquella aparición no acababa de marchar nunca.
Dormía en el sofá, nos vaciaba la nevera de forma veloz y además tenía bastante descuidada su olor corporal, pues no se podía duchar tampoco. El cabrón cada día estaba más gordo, no dejaba de tragar.

Un día mi novia decidió ponerme entre la espada y la pared haciéndome elegir, entre el rey y ella. Pero él no entendía mis palabras y tampoco se desvanecía tal y como había aparecido. Así que ella harta de la situación, marchó.
Yo no supe que hacer, es más, aún hoy no sé qué hacer… de eso han pasado ya cinco meses y ahora, mientras escribo este texto él me observa desde el sofá, mientras se come un buen pedazo de tarta de manzana con queso fundido.

Ahora és cuando caigo en la importancia del volumen que ejerce la materia intangible…

Si al menos me hubiera tocado Frank Sinatra me hubiera ganado algo de dinero con sus trapicheos…



LLAMADA A LAS 15:49


- Buenas tardes, el Sr. Cabras?
- Yo mismo, dígame.
- Verá, le llamo de recursos humanos de la Muerte.
- ¿Cómo?
- Le llamo de Recursos Humanos de la Muerte... Le llamaba porque queremos premiar su fidelidad con la vida proponiéndole unas tarifas que se ajusten mejor a sus necesidades. Me informan que está interesado en solicitar la baja.
- Bueno, últimamente me ha ido un poco mal pero tanto como para…
- ¿Su mujer le ha dejado?
- Sí, pero…
- Además por un rumano…
- Si, es cierto…
- Y además le ha dejado con el perro, no? Me aparece en su ficha que además le ha salido un bulto en el cuello… verdad?
- Si.
- Es cáncer.
- Pero si aún no lo han analizado, estoy a la espera.
- Los resultados son positivos, ya se lo digo yo… verá, a lo que iba… la razón de mi llamada es ofrecerle nuestros mejores promociones… 
- ¿Esto es una broma?
-  Caballero, no es una broma…. Lo que le decía es que puede elegir entre varias modalidades… tiene la Tarifa Estándar, que es llegar hasta los ochenta y palmarla en un asilo, tiene la Tarifa Familiar que sería en accidente de coche y para acabar, le proponemos la Tarifa Plana… Ay! Disculpe esa solo es para casos de cáncer de mama… De las ofertas que le he mencionado , ¿Cuál cree que es la que más le interesa?
- Verá…
- ¿Tiene alguna consulta?
- ¿Qué es lo que venden?
- ¿Es usted autónomo, señor? Lo digo porque tenemos ahora una promoción para autónomos que incluiría una muerte por fase terminal completamente gratuita a elegir entre cinco modelos de gama alta…
- ¿Me regalan un I-Phone?
- No, lo que nosotros le ofrecemos es los cinco modelos de gama alta, que constarían de… muerte por tabaquismo, diabetes, enfermedades cardiovasculares, sida o cáncer?
- ¿Y no me regalarían una plancha o un juego de sartenes?
- No lo siento, no me está permitido…

Entonces colgué. 

No han vuelto a llamar. Aún pienso en aquella conversación y en esa teleoperadora.

¿Llevaría bragas debajo de la falda?